soñé@cerámicas.cl

Video instalación de 3 canales, pantallas LEDS, bloques de cemento, vasijas de greda y mural, 2017. Sala CCU, Santiago Chile. Este proyecto fue realizado gracias a la Beca CCU 2015.

El proyecto de video instalación soñé@cerámicas.cl de Patricia Domínguez, es una exploración artística sobre las cosmologías corporativas que operan en el territorio chileno y que continúan con nuestra historia de colonialidad. Domínguez realiza dos rescates no genéricos de la historia de Chile. Uno, a través del Museo de las Gaviotas, construido por su abuelo arqueólogo autodidacta, Gonzalo Domínguez, un ejemplo interesante de "descubrimiento" de lo enterrado por la colonia desde una mirada del mestizaje crítico. El otro, desde una entrevista a Lorenzo Aillapán, Hombre-Pájaro, quien ha dedicado largos años en cultivar y desarrollar un género literario único y original: la interpretación del canto de los pájaros, quien habla desde una suerte de indigeneidad crítica que resiste a la folklorización, ambos buscando desde lugares distintos del mismo espejo, re-combinando y re-coreografiando los elementos de la memoria colectiva que les rodean con gestos emancipatorios.

El Hombre-Pájaro no representa a un pájaro, sino deviene en pájaro. El Museo Las Gaviotas, no arqueologiza, sino que crea una nueva narrativa. Nada de esto sería posible, si no fuera desde cierta memoria colectiva colonial -tal vez algo acercado a lo cosmológico-, porque de lo contrario, si extraemos la memoria, el Hombre-Pájaro, no pasaría de ser un poeta excéntrico, si abstraemos la arqueología futurable (una forma particular de memoria), del Museo Las Gaviotas, nos enfrentaríamos, a una colección de objetos arqueológicos. 

¿Qué pasa cuando la corporatización se encuentra con la colonialidad?, ¿Cómo estas fuerzas se convierten en un acto creativo, en una línea de vuelo de pájaro, resistiendo a la normalización y disciplina de lo idéntico? La ontología neo-colonial en Latinoamérica, continúa siendo uno de los lugares de reproducción de lo mismo, de producción de futuros como pasados. Lugares como lo ancestral y lo indígena, son continuamente asediados por el discurso del neoliberalismo multicultural; la exotización es la mirada de lo mismo sobre lo desconocido e intraducible; el trabajo de Patricia podría ser pensado entonces, como una anti-tesis de la exotización, en tanto éste se vincula con el silencio y la futurabilidad, más allá de cualquier forma de reproducción identitaria.

La operación que realiza Patricia en soñé@cerámicas, es algo parecido a un ejercicio de hackeo material: si la operación del corporativismo digital, implica convertir lo vivo en pixeles, despojándolo de cualquier rastro de memoria planetaria y ancestral, la operación de Patricia es inversamente opuesta; ella materializa lo digital, para ponerlo en contacto con la memoria.

Texto Pablo Jose Ramirez

 

Agradecimientos a Beca CCU, Teatro Club Social, Museo las Gaviotas, Meet Factory, Irvin Morazan, Paola Zacarelli, Catalina Espejo, Jorge Araos, Elisita Punto, Lucie Vaneckova, Pama Canoles, Dario Jose, Jose Pablo Ramirez, Alejandra Dominguez, Maria Angelica Dominguez, Andres Perez y Fernanda Claro.

 

 

Video instalación soñé@cerámicas.cl en Sala CCU, Santiago Chile.

 

Video instalación soñé@cerámicas.cl en Sala CCU, Santiago Chile.

 

Video instalación soñé@cerámicas.cl en Sala CCU, Santiago Chile.

 

Video instalación soñé@cerámicas.cl en Sala CCU, Santiago Chile.

 

Video instalación soñé@cerámicas.cl en Sala CCU, Santiago Chile.

 

Video instalación soñé@cerámicas.cl en Sala CCU, Santiago Chile.

 

 

Video instalación soñé@cerámicas.cl en Sala CCU, Santiago Chile.

 

 

Video instalación soñé@cerámicas.cl en Sala CCU, Santiago Chile.

Video instalación soñé@cerámicas.cl en Sala CCU, Santiago Chile

//

//

//

//

SOLO SIGA LAS SEÑALES
Futurabilidad y Desdoblamiento en la obra de Patricia Domínguez
Pablo José Ramírez



Señal 1: El Pájaro-Serpiente




Los eventos que estoy a punto de describir, ocurrieron en lugares opuestos del planeta y tiempos significativamente diferenciados, no siempre medibles cronológicamente, razón por la cual, me es difícil ubicarlos con exactitud. Estos eventos, también responden a múltiples fuerzas y entes, en tanto fueron acompañados por: pájaros, espíritus indígenas, ocultismo cósmico, hospitales y silencio planetario.


Somos sistemas biológicos de vida y de muerte, máquinas de guerra. Algunas veces, durante estos viajes adquirimos ciertos estados de sublevación, que nos permiten acceder a otro registro del lenguaje, y por lo tanto, una conciencia distinta de nuestra relación con lo no-humano. Sin embargo, estos Estados a los que me refiero, no se pueden pensar como proyectos políticos convencionales; mucho menos Estados razonados; son mas bien rebeliones moleculares, en tanto sistemas bio-cognitivos. Estos eventos, que estoy a punto de describir, se relacionan de maneras misteriosas y codificadas, con algunas señales en el trabajo de Patricia Domínguez y en algunas narrativas personales.


Vale recordar, sin embargo, que el acto de escritura –textual, visual o sónica- , es un acto de traducción y silencios. Más que de creer, se trata entonces de conversar. Lo que sugiero es una conversación que empezó, antes de la medición del tiempo.


------


En 1981, Odlaw Frank, biólogo y lingüística de descendencia judía, realiza un viaje de solidaridad a Guatemala, en el medio de una de las más crueles e intensas guerras civiles del continente, antes de esto vivió en Nueva York, donde enseñaba biología en una pequeña universidad comunitaria.


Odlaw era un hombre solitario, pocas veces hablaba de su vida personal, y cuando lo hacía, su mirada parecía perderse en un horizonte atravesado por tres inmensos volcanes, mientras se acariciaba lentamente una escasa barba blanca. El silencio que le rodeaba, nunca fue incómodo, sino mas bien, una especie de silencio reconfortante.


Le conocí años atrás en el Lago de Atitlán en Guatemala, él estaba sentado al lado opuesto del cuarto de Maximón; una entidad Maya sagrada proveniente de la colonia, de acuerdo con una de las leyendas que dan cuentas de su origen, Maximón fue un líder indígena asesinado por la corona española, y luego convertido en un Santo-Dios.


Maximón, como entidad de doble-vínculo, respondía tanto a los códigos del cristianismo como de cierta adoración pagana, cuando los españoles creían que las comunidades indígenas adoraban a un santo, lo que realmente ejercían, era un acto de resistencia simbólica, en tanto adoraban a un Dios Maya. Algunos afirman, que Maximón es una de las transfiguraciones de Kukulkan: el Pájaro-Serpiente.


Ambos, Odlaw y yo, éramos extraños en ese lugar; visitantes curiosos. Los dos íbamos, sin embargo, por motivaciones distintas, yo desde un tiempo atrás, había empezado una relación de amistad y trabajo con algunos artistas contemporáneos en Atitlán, que hablaban desde lugares que no se inscribían en el registro de la ciudad, y que desactivaban los clichés liberales de las culturas indígenas. Para mi entonces, estar inmerso en esos espacios, como mestizo, implicaba responsabilizarme de mi propia mirada; desactivar la codificación lingüística colonial sobre la civilización, en tanto intentaba acercarme a algo que no entendía del todo. Sin embargo Odlaw, parecía estar mucho más cómodo que yo en ese cuarto. Ahora sé que no era su primera visita.


El tiempo parecía pasar más lento en esa sala, y el viento se comportaba de manera abigarrada, Maximón se presenta como una máquina del tiempo, como un mensajero del futuro. Su síntesis evoca un silencio que de alguna manera recuerda al silencio de la colonia; es una entidad pagana, fuma cigarros y bebe alcohol, en intercambio por ayudas o milagros. Posee una máscara tallada en madera, por lo regular lleva puestos varios sombreros, y su cuerpo está conformado por una serie de telas indígenas de la región; es un envoltorio sagrado.


Odlaw sin embargo, me provocaba una desesperada curiosidad, pensar que ambos pertenecíamos a mundos similares solo aumentaba la ansiedad, se levantó de la silla buscando una moneda en su pantalón -después de varias horas en la habitación- dejó la moneda frente al Dios-Santo, y salió lentamente.


Después de un tiempo considerable en aquel cuarto, decidí dar una vuelta por el pequeño pueblo rural, y tal vez tomar algo, antes de encontrarme con unos amigos. Caminando entre calles angostas y desordenadas, en el medio de tuk-tuk´s, turistas y algunos dealers locales, me encuentro de nuevo con él entrando a un pequeño bar, llamado Buda, decido entrar poco después.


------



Como alguna vez dijera Fredric Jameson, hoy parece “más fácil imaginar el fin del mundo, que el fin del capitalismo”. Lo cierto es que, imaginar horizontes futuros, por fuera del capitalismo y la colonialidad, es una empresa aparentemente imposible. La concepción teleológica del tiempo y la narración de una historia universal/antropocéntrica, ha posibilitado la construcción de máquinas, capaces de producir futuros, que se parecen a lo mismo.


Entonces, el problema no es pensar o no, en el fin del mundo, el problema es nuestra incapacidad para imaginar horizontes éticos posibles, porque incluso nuestros sueños, se incorporan en el registro del orden global. Entonces, cuando creemos que imaginamos, lo que hacemos, es entrar en el registro de la performatividad histórica; cuando soñamos futuros, lo que hacemos, es repetir identidades y pasados.


Y bien, si interrumpimos la neuro-conexión global de la razón que no nos permite pensar futuros, lo que producimos es la visión de un mundo post-apocalíptico; precisamente porque nada queda después del capitalismo, solo podemos entonces, imaginar un mundo colonizado por fuerzas bio-reaccionarias, zombies y tecno-barbaries.


Sin embargo, el devenir del futuro está inscrito en el presente. Esto no se trata de esperanza o de un ejercicio particular de imaginación, sino de posibilitar actos creativos futurables. La futurabilidad no es el futuro abstracto, sino las múltiples potencias y posibilidades vibrando en el presente: los registros anómalos, las interrupciones en el code, las vibraciones moleculares, la persistencia de los sistemas biológicos.


Pero, ¿Qué es lo que pasa, cuando la futurablidad se encuentra con la colonialidad?, ¿Cómo estas fuerzas se convierten en un acto creativo, en una línea de vuelo de pájaro?. Pensar el futuro desde Latinoamérica, implica pensar críticamente desde la matrix de la colonialidad, y es justo acá, en donde las señales me llevan a Patricia Domínguez y su obra.


No sé hasta qué punto el trabajo de Patricia es el resultado de un proceso, o si más bien, ese mismo proceso creativo es el que la habita. Me parece más acertado, pensar en Patricia -entre otras cosas- como una seguidora de señales; una agente de energías cósmicas, que busca leer y conversar con los pájaros. Su obra es una forma de futurabilidad; tal vez algo parecido a ese destello de luz y sombra, con el que Giorgio Agamben relaciona la contemporaneidad, lo cierto es que con su obra, nos enfrentamos a dos problemas fundamentales: el del tiempo (medible y planetario) y la memoria (colonial).


Patricia tiene una forma particular de relacionarse con los sistemas biológicos: caballos, plantas, capas de pixelaje, conversaciones animalísticas, fantasmas coloniales, neo-indigenismo, mestizaje planetario, parecen ser territorios, en los que Patricia su ubica para dejarse llevar por entes ocultos, con los cuales traza sus caminos creativos.


Hay obras, que funcionan como señales, que resisten a la normalización y disciplina de lo idéntico. La ontología neo-colonial en Latinoamérica, continúa siendo uno de los lugares de reproducción de lo mismo, de producción de futuros como pasados. Lugares como lo ancestral y lo indígena, son continuamente asediados por el discurso del neoliberalismo multicultural; la exotización es la mirada de lo mismo sobre lo desconocido e intraducible; el trabajo de Patricia podría ser pensado entonces, como una anti-tesis de la exotización, en tanto este se vincula con el silencio y la futurabilidad, más allá de cualquier forma de (re)producción identitaria.


------


Después de la tercera cerveza, que él mismo había ordenado desde una barra improvisada y sucia, empezamos a hablar de Maximón, no sé exactamente cómo llegamos a ese punto, lo cierto es que hablábamos no como amigos, sino como viejos conocidos frente al televisor. Fue una conversación larga y pausada, en la que ambos tratábamos de escapar artificiosamente de cualquier referencia personal, hablábamos de la comunidad, de la concepción Maya Tzutuhi´l del tiempo; de los rituales como formas de lenguaje, de arte contemporáneo, y del intenso calor que hacía esa noche: eso, es por los vientos que soplan desde la región nórdica; el planeta se está calentando -respondió lentamente-.


Estuvimos los siguientes días encontrándonos en el mismo bar. Las pláticas se tornaban cada vez más intensas y extrañas, aunque a veces su mirada se perdía y el silencio se adueñaba de la barra


Un día, una señora indígena pasó frente a Buda, se detuvo y empezó a hablarle en Tzutuhi´l, él respondió -para mi asombro- en el mismo idioma, como cualquier local, al irse la señora, él volvió a sentarse, pidió otra cerveza y no volvió a hablar más, esa noche salió del bar, después de un fuerte e inusual apretón de manos. No le he vuelto a ver desde entonces.


Señal 2: El Pájaro-Tatuaje


Los hospitales son lugares extraños, espacios infecciosos y máquinas de guerra; la síntesis del sistema bio-tecnológicos de la institución moderna, la noción de enfermedad es un ente infeccioso y viral en sí mismo, en tanto, los cuerpos son eventos de múltiples encuentros y batallas. Sin embargo, hay algo cautivador acerca de los hospitales, algo que genera un tipo de encuentro particular, entre la ciencia y la palabra, que solo puede traducirse en una cosa: vulnerabilidad.


La segunda señal es el Pájaro-Tatuaje; uno que se manifiesta en el desdoblamiento y la imagen, la presencia de este tipo particular de pájaro, es en primera instancia visual. Algunos creen que el Pájaro-Tatuaje, podría ser también pensado como un Pájaro-Humano; uno que no puede volar, sino a través de la palabra y la imagen.


Cuando ingresé al hospital de Lewisham en Londres, en lo único que pensaba era en salir; frente a mi cama, un marinero irlandés de edad avanzada, recostado leyendo la prensa, al verme, se levanta y me da la mano para presentarse, en los dos antebrazos la misma ave tatuada una especie de ave tropical, parecida a los Diamantes de Gould.


Durante mi estancia en el hospital, cada vez que una amable enfermera nigeriana llamada Alika, conectaba la intravenosa a un antibiótico de color amarillento, sosteníamos alguna conversación corta con el marinero irlandés, según me contó; trabajó la mayor parte de su vida, en un barco pesquero en el archipiélago entre Suecia y Finlandia, pescando sobre todo salmón, él adoraba el agua, hablaba de ella como su hogar; yo mientras lo escuchaba, mantenía mi secreto a flote: tengo un terror inconfesado por la profundidad del mar.


El día que me dieron de alta, dejó sobre la mesa una edición atrasada de The Guardian, me dio la mano y dijo con cierto enfado: “Hay gente a la que le falta sentido común”, ¿No te parece?.


------




Cuando observo, al Hombre-Pájaro con el que Patricia Domínguez colabora y con quien desarrolla un sistema de rizomas, lo que observo, no es la representación de un pájaro, sino más bien un devenir pájaro. En este tránsito, el Hombre no representa, sino deviene pájaro; la articulación de la palabra con el sonido, es una forma de desactivación de discurso y de la identidad, en pos del deseo.


Pero si partimos de esta lógica, Patricia también deviene pájaro, pero a partir de una operación distinta: lo que está sucediendo entre estas dos intensidades, es una conversación, y como tal, un acto creativo, una línea de vuelo.


Esto es algo fundamental para entender su trabajo; Patricia no pretende instrumentalizar lo social o lo ancestral, como recurso, sino lo que sucede acá, es algo bastante más complejo, posibilitado precisamente por un acto creativo. En este, y otros intercambios que la artista propone, lo que sucede, según mi lectura, son una suerte de encuentros futurables. El encuentro de Patricia con el Hombre-Pájaro, o con el Museo de las Gaviotas, es una forma de desdoblamiento, que posibilita la construcción de ficciones futurables. Pero ojo, la ficción no es una mentira, mucho menos una post-verdad; la ficción produce sentidos.


Sin embargo, las potencias futurables en América Latina se encuentran en el registro mismo de la colonialidad, no podemos entonces, pretender imaginar por fuera de las relaciones coloniales, en tanto estas nos constituyen. Es decir, el encuentro y la -aparente- dominación de los procesos coloniales Nor-Atlánticos en el continente, han producido de manera paradójica, su propia anti-tesis, a partir de fuerzas que resisten a la disciplina de un tiempo, dominado por la lógica global del neoliberalismo. Estas fuerzas son las mismas que en el presente, resisten la (re) producción de un futuro único.


Cuando el discurso del posmodernismo multicultural, se enfrenta al problema de las culturas y sus diferencias, lo que produce es una máquina de futuros, basadas en el melting pot cultural. La afirmación y el reconocimiento oficial de las culturas indígenas en América Latina, como monopolio del Estado-Nación o del corporativismo étnico, representa su anulación misma; el rostro contemporáneo de la colonia.


Asumir la diversidad cultural y las políticas de la identidad en el continente, implica asumir el mismo fantasma del Sujeto Universal, por sobre el universo de diferencias ontológicas, es decir, delegar en los Estados-Nación o en los Corporativismos Étnicos el derecho de enunciar la diferencia, implica la producción de futuros basados en lo mismo; cuando observamos por ejemplo un mural del EZLN en México, basado en un planeta multiforme y esquizo, asistimos a lo opuesto, a la afirmación de las diferencias en tanto diferencias; a la desactivación del Sujeto Universal.


Pensar en un sujeto post-colonial, es pensar en las potencias futurables, no se trata entonces de una nostalgia improductiva por el pasado, tampoco se trata de “rescatar el pasado, en el presente”. Se trata más bien, de posibilitar horizontes que nos permite imaginar por fuera de la matrix, es ese entonces el reto, pensar un sujeto contemporáneo capaz de desdoblarse.


El trabajo de Patricia, con el Museo de las Gaviotas, es una muestra de objetos arqueologizables del futuro. La operación que implica, escoger, clasificar, nombrar, medir energías y colocar, es una operación que necesita de una suerte de nostalgia por el futuro, es un acto creativo y salvaje, una arqueología del devenir.  De alguna manera, lo que sucede en el acto de excavación del abuelo de Patricia, es un encuentro con lo nuevo. Lo que se excava no es el pasado, sino el futuro, en tanto éste está escondido en la tierra y viene de ella, es parte de una memoria planetaria que busca encontrarse con una subjetividad que le permita ser potencia.





Estos objetos con lo que el Abuelo Chalo trabaja, y luego Patricia en otra capa de lectura, son objetos fantasma; es decir, objetos cargados de memoria. Los fantasmas son memorias subjetivadas, que se nos presentan en el presente de diferentes formas. El miedo popular a los fantasmas, no es más que la relación de la memoria, con el terror, la operación del trabajo de Patricia, es relacionar el fantasma de los objetos, con la imaginación, desplazando el terror y el miedo; entiéndase esto como un proceso estético de traducción, transfiguración digital y mutación de la imagen. Patricia deja de lado el miedo, para obedecer a una operación similar a la de su abuelo; conversar con los fantasmas.


------


Decía que mi estancia en el Hospital de Lewisham, me permitió pensar en la vulnerabilidad con cierta perspectiva, cada cuerpo y cada cama que lo contiene, es una historia biológica, las ventas de la habitación siempre se mantenían abiertas, y por ellas entraban cortas olas de viento, que inundaban de manera tímida la habitación; éste era el único contacto con el exterior. Cada habitación con cuatro camas, separadas solamente por cortinas corredizas, algunos cerraban su espacio, buscando cierta privacidad, otros siempre las dejaban abiertas, esperando conversar con alguien, o simplemente, observar la puerta de salida.


La habitación en la que yo estaba, tenía todas las cortinas abiertas, todas las camas expuestas, sin ninguna privacidad, el día de mi ingreso, lo primero que hice fue cerrar parcialmente mi cortina, a riesgo de no ganar ningún amigo, y verme como un completo idiota. Las horas siempre pasaban lentas, y el aburrimiento era tan peligroso como esa bacteria que había pescado en una isla, días atrás.


Aunque cada cuerpo libra su propia batalla, el cuarto del hospital, funciona como una máquina biológica en sí misma, la conversación entre cada uno, parecía ser tan importante, como el tratamiento, la vulnerabilidad es entonces un acto de desdoblamiento; el reconocimiento del otro en mi, es parte de esa conversación.


Ser vulnerable, es ser un sujeto poroso, capaz de volar, conversar y transformarse; reconociéndonos no solamente en nuestra fuerza, sino en nuestro silencio, en el terreno de la incerteza y la inseguridad; estoy convencido de que el ejercicio de Patricia, al momento de producir una obra es similar; es también un ejercicio de vulnerabilidad basado en múltiples conversaciones.


Señal 3: El Pájaro Mensajero: Hugin, Munin y la Isla


La última señal nos lleva a una isla llamada Pachitak, ubicada en la región del planeta, en donde las aves vuelan cada vez más bajo, y el hielo es entidad flotante y omnipresente. Pachitak es una isla relativamente pequeña, posible de cruzar completa en unas cuantas horas, a paso lento. Aunque estuve ahí en verano, escuche muchas historias sobre el invierno, y sobre cómo el mar báltico se congela alrededor, fusionando la tierra con el agua.


Hugin y Munin son dos cuervos, que según la mitología nórdica, acompañan al dios Odín, como informantes; estos parten al alba y vuelve por la tarde, enviados a recoger información. Hugin es el pensamiento y Munin, la memoria, los cuales vuelan alrededor del planeta recogiendo información, para luego volver con Odin, sentarse en sus hombros, y susurrarle al oído. Algunos afirman haber visto a los cuervos volar alrededor de la isla.


A pesar de ser una isla pequeña, Pachitak es una isla asombrosamente densa, durante el verano las noches son cortas y los días llenos de luz, no sé si sea por esto, que las horas siempre pasan más despacio, las agujas del reloj son afectadas por el hielo, y cada instante de luz, genera sombras de manera distinta. Cada árbol y cada animal se comunica con la isla a través del agua y del hielo, como un sistema neurológico. Pachitak tiene el poder de pensar por sí misma.


¿Pero, cómo es que una isla puede pensar?, y si lo hace, ¿Qué es lo que piensa? Cuando por fin terminé de subir la montaña más alta de la isla pude verlo, después de caminar hacia la cima, me iba encontrando con ramas que funcionaban como tentáculos, como crucigramas rizomáticos. El moho verde pastoso, sobre las piedras, a medida que ascendía se volvía más denso, sobre este crecían distintos hongos, que dependiendo de la luz del día, se convertían en policromos. En lo más alto de la montaña, veo alrededor, y me percato de la inmensidad del agua, nada existe más allá de esa isla, esta es la síntesis de un sistema de memoria planetaria, memoria ancestral no cuantificable. No es posible pensar por fuera de ella. Súbitamente intento pensar, cómo fue que llegué a ella, y no logro recordarlo.


------




Y ¿Qué tal si pensamos en la obra de Patricia, como un sistema de memoria planetaria?. Una isla llena de conexiones biológicas y conversaciones no-humanas, en un sistema de rizoma, es imposible determinar un origen o una línea narrativa, tampoco un orden lógico. Sin embargo, tal registro no puede existir por ocurrencia o capricho conceptual, sino de la misma manera en la que parece funcionar en la Isla; quiero decir, detrás del aparente desorden, lo que prevalece enterrado, es memoria planetaria, esto es lo que le da soporte.


Me atrevería a decir, que lo mismo sucede con el Hombre-Pájaro o con el Museo de las Gaviotas; si abstraemos la memoria de esa mutación Pájaro-Hombre, nos enfrentaríamos mas bien, a un poeta excéntrico; si abstraemos la arqueología futurable (una forma particular de memoria), del Museo de las Gaviotas, nos enfrentaríamos, a una colección de objetos arqueológicos.


Al entrar en el registro de la memoria, tanto el Hombre-Pájaro, como el Museo de las Gaviotas se presentan como actos creativos y futurables. Estos acceden a un sistema de memoria, imposible de sintetizar en el discurso, es por esto que trabajan en y por fuera del texto. Patricia, se acerca a estos a partir de un gesto similar, desde un ejercicio de memoria que funciona de manera parecida a la Isla.


Sobre la imagen de Google Maps de los bosques Mapuches de la costa chilena, Patricia superpone el dibujo de imágenes; hombres con corbata y aves fénix, aparecen en un ejercicio más parecido a un acto de develamiento. Más que dibujar, Patricia desentierra imágenes: ¿Acaso podríamos ver a un ave, por sobre la depredación de los bosques, sino fuera a partir de un ejercicio de memoria, que nos recuerda, que eso es un ave?


Los ejercicios de ensoñación o los medidores de energía en objetos, representan una estrategia para conversar con lo desconocido, con el silencio, reconocer las limitaciones de la palabra y del objeto artístico per se. Patricia propone entonces, imágenes que operan a partir de lo desconocido.


Sin embargo, a estas alturas no podemos pecar de inocentes, los procesos de digitalización y apropiación del universo de lo vivo, han llegado a un extremo sin precedentes; lo cual implica la necesidad de asumir críticamente la esquizofrenia digital del mundo contemporáneo. Quiero decir, en tanto don Lorenzo Aillapán, interpreta sonidos no-humanos, las corporaciones en Chile, extienden su dominio territorial; por cada objeto significado en el Museo de las Gaviotas por don Chalo, millones de imágenes de lo vivo, son digitalizadas y clasificadas a partir de un sistema de jerarquías simbólicas, para luego ser puestas en circulación.




La operación de Patricia, es algo parecido a un ejercicio de hackeo material, me explico: si la operación del corporativismo digital, implica convertir lo vivo en pixeles, despojándolo de cualquier rastro de memoria planetaria y ancestral, la operación de Patricia es inversamente opuesta; ella materializa lo digital, para ponerlo en contacto con la memoria.


El uso de la iconografía, de las boletas de luz en Chile, para su incorporación en un registro no corporativo; o el uso de emojis, sobre los rostros arrugados por el tiempo, de mujeres emancipadas de la tercera edad, son ejercicios de sabotaje, un intento de rescatar cierta memoria, como gesto opuesto a la aparente omnipresencia del corporativismo global y la esquizofrenia digital; en otras palabras, la interrupción de los procesos tecnócratas de automatización financiero-digital.


Después de todo, quisiera pensar que trabajos como el de Patricia, responden a la defensa de Lo Común (con mayúsculas). Cada vida, humana y no-humana es depositaria de una forma particular de memoria, y el desdoblamiento es un ejercicio ético y político de comunicación trans-temporal e inter -especie.


Es el momento del alba; Hugin y Munin acaban de partir, y ahora circulan el planeta.

 

 
 mpdoming@gmail.com - Nueva York. USA 2010.